domingo, 23 de junio de 2013

Raíces


“Tani nii, Toni nii, Tan kua'a, Ngu ta'a vi, Ixta y Nute” son palabras básicas en el idioma de mi pueblo, las cuales se traducen como buenos días, buenas tardes, buenas noches, gracias, tortilla y agua.
Nací en la Ciudad de México, sin embargo me siento honrada de tener raíces de la mixteca alta. "Yucunino" (Cerro Alto) es el nombre de la ranchería donde nacieron mis padres, y se ubica en la sierra de Oaxaca. Allí se habla el mixteco.

A partir del nacimiento de mi hermano mayor, mi abuela materna, llegó a vivir con mis papás.
Recuerdo que desde mis dos años  ya comprendía que aquellas palabras extrañas y con un tono tan gracioso, no eran las mismas que pronunciaban mis padres, porque ellos nos hablaban en español.
Había momentos en los que me sentía muy tonta preguntando a mi familia “¿Qué dijo mi abuelita?, ¿Me está regañando? o ¿Mamá, por qué mi abue no habla como nosotros?”. Parecía que se expresara en mixteco a propósito para que no entendiéramos mis hermanos y yo.
Ella hablaba muy poco el español, y no sabía leer ni mucho menos escribir. Aprendió a hablarlo mejor, así como yo aprendí a entender mejor el mixteco.
Cuando mi abue me preguntaba en mixteco, yo le respondía en español, pero a pesar de ello nos entendíamos. Era gracioso ver las caras de asombro que ponían los vecinos cuando nos escuchaban; casi nunca se quedaban con la duda y preguntaban a mis papás: “¿Cómo le hacen para entenderse?”, a lo cual ellos respondían: “No lo sabemos. Se entienden y ya”.

A los amigos que llevaba de visita a casa de mis padres, les fascinaba escucharla y siempre salían con: “Gaby, dile a tu abuelita que te hable, y tú nos traduces”. Yo reía porque todos pensaban que dominaba el idioma. A decir verdad, aprendí a entenderlo mucho más de lo que imaginé. Era muy rico entender las conversaciones de la familia, aunque yo no lo hablara. Lo que no era genial, era escuchar los gritos y regaños en mixteco ya que el tono era mucho más chillón.
Sé que ha pasado tiempo, pero tampoco es demasiado tarde, y hoy una de mis metas es aprender a escribirlo, pero sobre todo hablarlo sin dificultades, para conversar largas horas con mi querida “Na'a ña nu” (abuelita), que me ha heredado este idioma.




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